El blog del Dany

Soñar polillas

Escrito por danyelchovas 18-06-2013 en General. Comentarios (1)


Perdonen la confidencia, y la tristeza...


Soñar polillas


Hace poco soñé

que quería echar

a todas las mariposas

de la casa,

pero los cerrojos

se movían

y se doblaban

como si fueran plastilina.

 

Hoy me he levantado otoño

como el día

gris plomizo, agrio,

una mañana

tormentosa y fría.

 

De camino

a los quehaceres

las nubes

se las lleva el viento;

tienen forma

de panza de burro,

radiantes por fuera

negras y sucias

por dentro,

como mis sueños

cuando no tienen

la ilusión de verte

y se distraen con polillas.

 

El día ha mejorado,

no así mi humor,

y ni siquiera

puedo permitirme

echarte de menos

aunque a veces

incumplo

mis propias normas.


Ojalá pudiera

no volver a pensarte

y pudiera decir

que te fueras para siempre

ó que no volvieras nunca.

 

Pero volver para siempre

es como irte para un rato;

irte para siempre

es como volver

porque olvidaste algo.

 

Prefiero soñarte

como cuando aún

tenía esperanzas.

Definitivamente

te echo más de menos

que cuando sólo pensaba

que te necesitaba.


Carreteras solitarias

Escrito por danyelchovas 14-06-2013 en General. Comentarios (1)

Me voy de viaje... ¿Alguien se viene?

Carreteras solitarias

Con mucho tiempo que perder inicio el camino, no sé si real ó imaginario. Sigo la sombra chinesca de una nube proyectada por el sol sobre las faldas de las montañas. El viaje vital, la travesía de un sueño, se inmiscuye en mis pensamientos.


No podría decir que me guste el paisaje. Ahora mismo es monótono, tedioso, desértico y en línea recta, al estilo de las carreteras yanquis tipo ruta 66 o las interminables carreteras panamericanas.


Como un adolescente atrevido imagino que las montañas que se extienden en el horizonte cambiarán la monotonía del paisaje actual, como una vida plana, por lo sinuoso de las curvas con forma de mujer, y los desniveles, hondonadas vitales por los que asomarse al abismo de las emociones. No faltan los momentos en que deseas despeñarte por esos barrancos, suplicando que el viaje termine pronto y evitar el descenso a los valles del aburrimiento o peor, de la desesperación de las depresiones, geográficas y sentimentales.


Pero el camino sigue, y la tormenta se cierne sobre el viajero. Esperaba ver estrellas fugaces, meteoros que concedieran deseos a través del parabrisas. Los goterones sobre el capó anuncian lágrimas y furia, como cuando una nueva zona de turbulencias te recuerda que nadie se sienta en el asiento del copiloto. De nuevo la soledad te acompaña en el viaje, y no puedes negar que es la compañera más fiel que has tenido jamás.


El camino sin escalas de la vida desafía las leyes de la cordura cuando, por toda respuesta, los carteles sólo indican una flecha hacia adelante, y el único sentido no tiene sentido. Sé que recordaré las etapas de mi viaje de forma diferente a como me hacen sentir ahora. Es de recibo, si no quiero volverme un kamikaze que conduzca sin control a la búsqueda de un camión en dirección contraria.


Ansío la amnesia del viajero viejo, que asocia lugares confusos con recuerdos más o menos halagüeños, dejando para el olvido los abandonos que te depositaron en la cuneta, con el dolor y los sinsabores por todo equipaje.


Revolución virtual

Escrito por danyelchovas 17-05-2013 en General. Comentarios (0)

 

Me suelo sentir comprometido con las causas justas... Sin embargo, me entran episodios de pereza, como al escribir, y me gustaría, tanto de corazón como de sentimiento obrero, sentir la llamada de la pasión más allá de la pantalla...

 

Revolución virtual

 

Te mando mensajes que no sacian mi sed

de revolución ni de ti.

Sirves de impulso y avivas,

mides mi pulso y lo activas.

 

Podría quitarme de en medio

para ponerme de entero

pero no son horas.

 

Delincuente temporal

robando madrugadas al sueño

se me cierran las pestañas del navegador

a caballo entre el metro y los recuerdos.

 

Insomne perdido

recuerdo noches y días de vino y rosas.

Necesito que alguien

se muera de ganas de verme

de recibir un mensaje

de jugar a ser mía

y recibir mis palabras

como musa incandescente.

 

Necesito un verso

que incendie algo más que el twitter

o un corazón

que no se encienda sólo ante el monitor.

 

Necesito que tu pasión

se extienda sin cortafuegos.

Incendiario, en la red

sin red de seguridad

ni antivirus que me apague

sino viento y sed que me propague

en la web y en la vida

que arda internet,

tu libido

y cada esquina.

 

Basado en hechos reales

Escrito por danyelchovas 17-03-2013 en General. Comentarios (0)

Aquí os dejo unos versos de domingo... ¿Os suenan?

Basado en hechos reales

Como una película
de domingo por la tarde
la vida pasa en 16:9
mientras me arrebrujo en la manta
ansiando abrigarme entre otras ropas
y envolverme en cuerpos
igualmente domingueros.

Los créditos se borran
por ambos lados de la pantalla
tras aburridas imagenes.
Necesito acción, humor, amor,
incluso algo de porno
y un guión digno de un Óscar
que emocione y te haga
querer que haya secuela.

Y, por una vez,
que el protagonista
se salga con la suya
aún perdiendo,
que la chica vuelva
y que todo se arregle.

No debe ser difícil,
hay domingos por la tarde
todas las semanas.

Me persiguen las bufandas olvidadas

Escrito por danyelchovas 12-03-2013 en General. Comentarios (2)

Aquí os dejo algo que no sé si calificar como amasijo de versos, cuento versado, o "paranoya" sin más... El título se lo escuché a una amiga, y los sentimientos los tomé prestados de las musas... En fin, que os guste... No olvidéis la bufanda...

Me persiguen las bufandas olvidadas


En la percha del bar cuelga una bufanda solitaria. Cada vez que entro en el bar, mi café se remueve automáticamente, mientras miro la prenda y me imagino su historia. Su imagen me envuelve con ambas puntas apuntando al suelo, como una mueca eterna de tristeza en tela.


En mi perchero cuelgan las mías, me refiero a mis bufandas, claro, mis tristezas cuelgan en letras. Como decía, penden del perchero como hojas de sauce llorón, simulando tocar con sus flecos la punta del suelo, en un alarde de flexibilidad.


Me provocan sentimientos ambivalentes. Me gusta perderlas a veces, las bufandas, digo, porque así al recuperarlas me pasa como contigo, que tienes cosas que contar de otros lugares, y tu piel tiene el tacto de otros aires. A veces me siento frío y echo en falta su vuelta, de las bufandas, digo, y quiero que vuelvan. Como me pasa contigo, que al tiempo de no saber de ti, parece que me falta algo. Afortunadamente, las redes sociales entretejen lazos y los encuentros esporádicos me confortan y envuelven en el calor fugaz de un encuentro.


Me las pongo a veces, y a veces me encantaría olvidarlas, a las bufandas, digo, para no ahogarme. Me siento perseguido por las bufandas olvidadas. A mí, que nunca me gustaron las ataduras ni los complementos, que no aguanto los colgantes, las pulseras, los anillos ni los compromisos, se me aferran esas tiras de tela suave, se me enredan al cuello, me rascan cuando no me afeito, pero me agrada su tacto en los días fríos, envolviéndome. Es una sensación extraña, sentirme rodeado de caricias de las que, en otro tiempo, hubiera querido escapar.


Más o menos, me pasa como contigo, que en otro momento te hubiera odiado, y viéndote un viernes, yo sin afeitar, te habría besado hasta arañarte la piel. Sin embargo, te sueño a mi lado un domingo acompañándote a la estación, yo recién afeitado, y tú enlazándote con tus brazos a mi cuello, como una bufanda suave que me envuelve porque me persiguió al quedarse olvidada en una percha.


Eso reconforta, aunque sólo sea un sueño que me abriga, que me hace sonreír al ver mis bufandas colgadas del perchero, y que suaviza la nostalgia al ver la bufanda olvidada en el bar, como un amor abandonado.