El blog del Dany

Me persiguen las bufandas olvidadas


Aquí os dejo algo que no sé si calificar como amasijo de versos, cuento versado, o "paranoya" sin más... El título se lo escuché a una amiga, y los sentimientos los tomé prestados de las musas... En fin, que os guste... No olvidéis la bufanda...

Me persiguen las bufandas olvidadas


En la percha del bar cuelga una bufanda solitaria. Cada vez que entro en el bar, mi café se remueve automáticamente, mientras miro la prenda y me imagino su historia. Su imagen me envuelve con ambas puntas apuntando al suelo, como una mueca eterna de tristeza en tela.


En mi perchero cuelgan las mías, me refiero a mis bufandas, claro, mis tristezas cuelgan en letras. Como decía, penden del perchero como hojas de sauce llorón, simulando tocar con sus flecos la punta del suelo, en un alarde de flexibilidad.


Me provocan sentimientos ambivalentes. Me gusta perderlas a veces, las bufandas, digo, porque así al recuperarlas me pasa como contigo, que tienes cosas que contar de otros lugares, y tu piel tiene el tacto de otros aires. A veces me siento frío y echo en falta su vuelta, de las bufandas, digo, y quiero que vuelvan. Como me pasa contigo, que al tiempo de no saber de ti, parece que me falta algo. Afortunadamente, las redes sociales entretejen lazos y los encuentros esporádicos me confortan y envuelven en el calor fugaz de un encuentro.


Me las pongo a veces, y a veces me encantaría olvidarlas, a las bufandas, digo, para no ahogarme. Me siento perseguido por las bufandas olvidadas. A mí, que nunca me gustaron las ataduras ni los complementos, que no aguanto los colgantes, las pulseras, los anillos ni los compromisos, se me aferran esas tiras de tela suave, se me enredan al cuello, me rascan cuando no me afeito, pero me agrada su tacto en los días fríos, envolviéndome. Es una sensación extraña, sentirme rodeado de caricias de las que, en otro tiempo, hubiera querido escapar.


Más o menos, me pasa como contigo, que en otro momento te hubiera odiado, y viéndote un viernes, yo sin afeitar, te habría besado hasta arañarte la piel. Sin embargo, te sueño a mi lado un domingo acompañándote a la estación, yo recién afeitado, y tú enlazándote con tus brazos a mi cuello, como una bufanda suave que me envuelve porque me persiguió al quedarse olvidada en una percha.


Eso reconforta, aunque sólo sea un sueño que me abriga, que me hace sonreír al ver mis bufandas colgadas del perchero, y que suaviza la nostalgia al ver la bufanda olvidada en el bar, como un amor abandonado.

Comentarios

GRANDE! Me encantó! Un abrazote!

Leido!!!

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