El blog del Dany

Hoy

Escrito por danyelchovas 08-05-2012 en General. Comentarios (2)

 

Disculpen la tardanza... Tengo que contar muchas cosas... El libro ya está editado, presentado y vendiéndose... Ya lo comentaré en otra entrada... También tengo cosillas escritas a las que, una vez superada la abstinencia autoimpuesta hasta que el pequeño elemento abandonara el nido del autor para enfrentarse al ataque del lector, habrá que dar cabida en este espacio... Sin embargo, HOY me apetecía compartir con ustedes algo...

 

Hoy

 

Hoy la pena por estar

de paso en Madrid no existe

hoy soy el turista más feliz,

hoy ni el tarifazo ni el miedo desviste

en el metro de mi sonrisa mi nariz.

 

Hoy he devuelto la inspiración envuelta en papel

a mi secretaria predilecta

a la musa que tramita los deseos de mi piel.

 

Hoy, y hace tres años su sonrisa

ilumina mi vagón

al volver a escuchar su acento gallego

su obnubilación

que la hace aceptarme

 

y subirme a la nube

como medio de locomoción,

con la bendita locura como dirección

con el paraíso como próxima estación

y sentir de nuevo la loca emoción.

Hoy he vuelto a sentir latir mi corazón.

Recuerdos de sueños

Escrito por danyelchovas 27-02-2012 en General. Comentarios (2)

 

Hola a todos, hacía mucho tiempo que no escribía, disculpen la tardanza... Aquí les dejo uno de los revoltijos que tenía en la cabecita, a ver si a base de plasmarlo en letras, se me aclaran los sueños...

 

Recuerdos de sueños

 

Todo el mundo sueña con un encuentro de película. Quizá encontrarse con una chica guapa en el autobús. Incluso el más tímido sueña con verla dirigirse a la salida cuando llega su parada. Con suerte, el sueño irá más allá y ella también hará el mismo transbordo, subiendo en la misma dirección en el metro que le lleva a casa. Él, envuelto en su burbuja de timidez, no se atreverá a decir nada, se bajará del metro en su estación, y ella desaparecerá en el túnel junto a su vagón y sus esperanzas… y se despertará.

 

Pero con suerte, la noche siguiente volverá el sueño, y se repetirá machaconamente hasta que él ose decirle algo a ella. Quizás empujado por un conductor suicida, que toma las rotondas como si tuviera que comprobar la estabilidad de la carga humana y la salud cardíaca de los viajeros.

 

Con suerte, ella le mirará a los ojos y ante el gesto de alivio de él sonreirá y bajará la mirada, tímida también. Él volverá a bajarse en su parada, y ella bajará junto a él. Al fin, él se atreverá:

- “Menos mal, creí que no salíamos vivos”.

Ella se reirá. ¡Qué sonrisa más bonita tendrá!

Con la excusa del recién descubierto respeto por la vida, él le comentará que ya la ha visto alguna vez, pues van en la misma dirección. Casualidades de la vida,

- “Ya llevaba varios días viéndote en el autobús y en el metro”.

- “¿Sí?”.

 

Entablada la conexión, se repetirá durante sucesivos encuentros, siempre durante el mismo trayecto. Cada vez le apetecerá más encontrarla, y cada vez ansiará más preguntar si querrá volver a casa con él, ya que ambos van en la misma dirección. Él dejará pasar autobuses sentado en la parada, esperando verla. Ella iluminará la calle con su sonrisa cuando le vea sentado en la marquesina. A él le temblarán las piernas cuando ella entre en su autobús, cuando sonría al conductor y ante él baje la mirada, manteniendo la sonrisa.

 

Pasadas noches en vela soñando, se iniciarán encuentros fuera del trayecto común. Se sucederán paseos nocturnos, excusas para verse, conversaciones tumbados mirando lunas tan grandes que se podrían tocar… No faltarán las miradas furtivas, los besos a escondidas, los miedos y los deseos… Llegarán los impulsos irracionales, incontrolados, inconscientes y románticos. Benditos latigazos del inconsciente liberado en los sueños.

 

Pero como en todo relato fantástico, llegarán los miedos, las tomas falsas de toda fantasía, las incongruencias, las pesadillas. El sueño se desenfocará, se volverá borroso y la vida se llevará los últimos retazos de la ensoñación.

 

Quedarán en la memoria recuerdos de un tiempo lejano, certezas de que probablemente sólo fue un espejismo, que una historia así sólo se da en las películas, y en los sueños… Pero que aún revuelve sentimientos cuando se cuela en los insomnios.

Septiembre

Escrito por danyelchovas 29-09-2011 en General. Comentarios (1)

 

Bueno, he vuelto. Después de cargar las pilas, ahora hay que ponérselas, y arrancar. Siempre cuesta un poco, la depresión postvacacional aprieta, la falta de luz inquieta... En fin, es lo que tiene el otoño...

 

Septiembre

 

La vuelta al cole resucita

al viejo fantasma.

 

He vuelto a ver caras tristes

en los dibujos de los azulejos,

a sentir el miedo al alumbrar

con la luz del teléfono

la ventana y los espejos

y a la soledad a oscuras

vagando por la casa.

 

Se caen las hojas,

se me cae la vitalidad.

Los recortes ahogan aún más

el estado del malestar.

 

Y escuece aún el sol por dentro

y en la piel

las quemaduras, y las faltas

entre la almohada

y la pared.

 

No puede, definitivamente,

ser más septiembre.

 

Una aventura de verano

Escrito por danyelchovas 28-07-2011 en General. Comentarios (2)

 

Perdonad la pereza. En estas fechas todo se hace más cuesta arriba, con el calor, los horarios... Pero bueno, no creáis, que se sigue trabajando, ¿eh? De hecho, espero daros una noticia a todos pronto.. De momento, espero que os guste...  

 

Aventura de verano.

 

La diferencia

entre el amor eterno

y una aventura de verano

es que ésta siempre dura más.

 

Mi referencia

de todos tus recuerdos

son ternuras que, en vano,

archivé ya entre algún ojalá.

 

Me pasaba todas las salidas

de la autovía por desear

mientras de hecho intentaba

soñar con contar tus pecas.

 

Intentaba con mis idas

venir sin guía por tantear

de tus pechos a tu espalda

y engancharme a tus muñecas.

 

Te encuentro sin pistas.

Encubro mis daños

por la necesidad de ti.

Descubro tus aristas

por ansiedad de sentir

contigo mis mejores años.

 

Por ser tu eterno, tu algo

estaría encantado

de volver a pasar de largo.

Prefiero llegar a ser

tu aventura de verano

a no llegar, a no perder.

 

Entrelazados

Escrito por danyelchovas 25-05-2011 en General. Comentarios (3)

 

“Tú mismo lo has dicho, no crees en el amor”. “¿Cómo me puedes decir eso?”. La situación era un poco surrealista, teniendo una conversación sobre la incapacidad para querer con las piernas entrelazadas después de un orgasmo. Las respiraciones eran ya tranquilas, y las palabras susurros, pero cargadas de reproches con altavoz.

 

“No puedes decirme que no sé querer, cuando hace un rato ya has visto cómo estaba…”. “Eso es otra cosa”. “Ah, ¿y tú, entonces, tampoco me quieres y finges los orgasmos?”. “Una cosa es poder disfrutar del sexo con alguien, y otra el querer que esa persona duerma contigo”. “Quiero que duermas conmigo”. “Tú mismo lo has dicho… Sólo has sentido el dolor del amor. Sólo has creído haber estado enamorado de alguien cuando no le has tenido,  o cuando le has perdido”.

 

Se guardó un tiempo de doloroso silencio entre los dos. Ella había puesto el dedo en la llaga. Él sufrió el impacto de sus palabras, eco de sus propios pensamientos. “Bueno, no tenemos por qué hablarlo ahora, hablamos mañana más tranquilos. Dame un beso, anda”.

 

Se soltaron las piernas, los pensamientos hacía tiempo que estaban desatados. Ella fingió quedarse dormida. Él siguió rumiando sus palabras. Se levantó. Se encendió el cigarro de rigor. Observó la calle céntrica de noche, aún con actividad y luz artificial. Al ver una farola parpadear, sintió su interior del mismo modo: intermitente, antinatural, y dejándole a oscuras cuando más luz necesita. Oscuros temores se desataron, mientras sentía que los nudos que los ataban a la razón quedaban sueltos. Ella sabía que venía con tara de fábrica, y sin embargo compró en las rebajas su cariño. Él podía darle cariño, sexo, y compañía, pero no encontraba dentro de él lo que ella necesitaba.

Volvió a la cama. Encontró su cuerpo desnudo, desarropado y encogido por el frío.  Envolvió su piel con sus brazos, besó su pelo y sus hombros, y cubrió su pequeño cuerpo. Intentó llorar, pero esas taras emocionales le lastraban más de la cuenta.

 

Al día siguiente, la ciudad siguió su trajín habitual. La despedida fue fría. Ella se levantó para ir a trabajar. Él se quedó con sus sábanas revueltas, su necesidad y sus taras. Lo que no durmió durante la noche, lo sufrió durante el día repasando las manchas del techo con su mirada. Temió no volver a verla. Una mancha más, pensó. Y otra vez sintió el amor cuando se despedía. Volvieron a entrelazarse los sentimientos de amor y dolor, para atarse y formarle el mismo nudo en la garganta.

 

Quedó su olor en la almohada, algún objeto personal, acumulado durante el corto tiempo de relación más estable, y una tira de fotomatón encajada en el borde del espejo. Curioso, que un recuerdo tan anacrónico fuera lo que más le gustaba de ella. Allí se entrelazaron sus manos por primera vez, sus labios miles de veces, y sus cuerpos en la madrugada…

 

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. No volvería a verla. Se intentó convencer de que era lo mejor. Hasta la siguiente noche, de completo insomnio. Y la siguiente… A la tercera, cualquier contacto con la realidad era pura coincidencia. Los altibajos de ánimo se sucedieron como la bolsa, variables y crueles. Su corazón era una quiebra total. Ya estaba. El amor perdido. Lo volvía a sentir. Volvía a no querer sentir. Siempre igual, queriendo sentir cuando no sentía, y sufriendo por dejar de sentir cuando sentía…

 

Esa tercera noche, ella llamó al timbre. “Te echaba de menos”. “Te quiero”. “Yo no lo sé…”. “Pues averígualo”... Y entre lazos…