El blog del Dany

cuentos

El reloj de la estación

Escrito por danyelchovas 13-09-2010 en General. Comentarios (2)

Un cuento ambientado en una ventana, un reloj reflejado, y un montón de historias cruzadas... Espero no robaros mucho tiempo...

 

"El reloj de la estación"

 

La ventana abierta del salón resopla el tintineo del tren en la cara. Parece quererte refrescar, como compensando en la noche el calor que la tarde ha desparramado en el salón. Ahora la noche es fría, y abres la ventana con ganas de despejar los poros y las ideas.

 

Desde el salón ves, reflejado en la ventana abierta, el reloj de la estación de tren. Se ilumina de noche, y su esfera blanca, salpicada de marcas y números romanos, simula los cráteres de una luna llena que esta noche parece más lejana que nunca.

 

El reloj y su estación suenan a viaje, y a impostura. Los viajeros son extraños que ven a cada uno como más autóctono y propietario de ese espacio ante ellos, nómadas de tiempo y lugar. Como los andenes de ida y vuelta, los viajeros entran y salen de la estación. Cada uno lleva una historia en su maleta.

 

Me pongo a fantasear con la historia de cada viajero que cruza la ventana. Aquel viajero con sombrero y reloj de bolsillo, ¿qué cuento llevará escondido bajo el ala? Y aquella chica guapa, ¿quién la esperará para compartir esterilla, saco y cantimplora? El ejecutivo de traje y corbata, ¿qué oscuro secreto oculta tras sus gafas de sol, su chaqueta y su enorme tic-tac de pulsera?

 

Cada viajero una maleta, cada maleta una historia, cada historia un tiempo y un espacio cambiantes. Historias enfundadas en tela, plástico o cuero. Historias contadas sobre raíles, huídas en líneas paralelas.

 

A través de la ventana se observa cómo el viajero del sombrero da cuerda a su reloj, poniéndolo en hora. La chica de la cantimplora camina divertida, balanceando su cantimplora colgante con movimiento pendular. El ejecutivo impaciente voltea una y otra vez su muñeca, esperando ver correr dígitos.

 

Quizá el señor del sombrero y la maleta de tela inicie su viaje hacia el mar, en pos de un merecido descanso. Con suerte, su reloj se volverá de arena, girando imprevistamente de cuando en cuando para darle otro rato más. Y puede ser que él dibuje con los dedos gordos de sus pies desnudos dos líneas paralelas en la playa de su retiro. 

 

Quizá la chica desgarbada busque, en el retiro de las estaciones montañosas, ver las cosas de otra manera. Tal vez sueñe contigo mientras gotea su cantimplora pendular. Gota a gota, líquido y vida, humedecerá las piedras a borbotones, formando un reguero de túneles a través de los riscos que atraviesen su corazón y tu montaña.

 

Quizá el tipo de traje y corbata, y grillete en forma de prestigiosa marca de marcadores temporales, busque apearse en una estación donde pueda aflojarse el nudo que le aprieta la garganta y el alma. Quizá desabotonarse una traviesa del camino, aflojarse la pulsera de su condena, y descarrilar del rail estipulado.

 

Dan las doce, toque de queda. El tren sigue su camino. Queda un único testigo, ojo tuerto que observa el fin del viaje por hoy. Cada viajero una maleta, cada maleta una historia, cada historia un tiempo y un lugar. El reloj de bolsillo, la cantimplora de la chica, el peluco del ejecutivo. Y el reloj de la estación.

Psicoanalista psicoanalizado.

Escrito por danyelchovas 25-11-2009 en General. Comentarios (2)

 

Aquí os dejo un relato de ciencia ficción. A ver qué os parece...

 

El psicoanalista psicoanalizado

 

El señor Bruckheimer llama a la puerta. La secretaria ya le ha dicho que pase, pero él es un hombre cauto. Nunca se sabe qué puedes encontrar en la consulta de un psicoanalista. Su natural precavido le previene. Así que sólo pasa cuando oye la voz familiar del doctor decirle “Pase”.

 

El señor Bruckheimer ya ha ido alguna vez al psicoanalista. Su relación con él ya es de confianza. Sin embargo, no se sienta hasta que el doctor se lo pide. “Por favor, siéntese, señor Bruckheimer. Retomemos nuestra conversación de la semana pasada”.

 

Su psicoanalista transmite un aire de seguridad, de cercanía y de confianza. Aún así, el señor Bruckheimer siempre tiene la sensación de que no debe abrirse del todo con ese hombre. No sabe bien porqué, pero hay algo que no le gusta. A pesar de ello, sigue el tratamiento que le prescribió hace ya un par de meses.

 

“¿Sigue usted escribiendo sus sueños?”. La respuesta afirmativa del señor Bruckheimer alegra al médico. “Seguiremos con ello. Cuénteme, ¿qué tal esta semana?”

 

El señor Bruckheimer se acomoda en su asiento. Y empieza su relato…

 

He tenido un par de sueños hostiles esta semana. En uno de ellos discutía con la pareja de un amigo. Le echaba en cara nuestro progresivo distanciamiento. Acabé fuera de mí. Mis amigos me pedían que me calmara. En el otro sueño, me encontraba a mí mismo frente al espejo, pero no me reconocía. Era una sensación cruel, en la que me reprochaba a mi mismo en lo que me había convertido, como si fuera otra persona. Me decía cosas horribles…

 

El señor Bruckheimer queda en silencio. El doctor le invita a seguir. “Ya sabe que lo mejor en estos casos es verbalizar el sueño, racionalizarlo… Cuanto antes salga a flote el problema enquistado, antes lo podremos erradicar”. Pero el señor Bruckheimer parece desconectado. De repente, una chispa de luz ilumina sus ojos, y un toque de angustia timbra su voz, al rogar a su psicoanalista…

 

“Hágalo, doctor”. “Sabe que no puedo hacerlo, señor Bruckheimer -el doctor parece cansado de dar la misma negativa -. No puedo seccionar su cuerpo calloso”.

 

“Doctor, tiene que hacerlo –suplica de nuevo el señor Bruckheimer-. “No puedo seguir así. Soy una marioneta en manos de mis sueños. Mi parte de cerebro racional se ve cada vez más invadida por la parte emocional. Mi intelecto se deteriora, mis conocimientos se esfuman. Los sentimientos me atrapan, las emociones me ocupan todo el cerebro. No puedo seguir así…

 

Soy el lado desigual del triángulo isósceles, la pata que cojea del taburete. Mis amigos emparejados me atienden, me ayudan, me dan cariño… y eso sólo me hace darme más cuenta de lo solo que estoy. Soy Robin Hood, y he olvidado robar a los ricos para dárselo a los pobres, ahora sólo pienso en Marian. Soy un Peter Pan que sólo piensa en Wendy, olvidando a los Niños Perdidos.

 

Por favor, doctor, necesito que me divida. Mantenga mis cerebros separados, divídalos. No puedo vivir así…”.

 

El doctor mira largamente al señor Bruckheimer. Nunca en su vida había visto a un paciente tan decidido a probar su arriesgado método. Seccionar el cuerpo calloso, el haz de fibras nerviosas que une las dos partes del cerebro, es una prueba experimental que nunca se ha atrevido a realizar. Sus investigaciones le muestran datos favorables en casos extremos, en que la parte emocional del cerebro “ocupa” a la parte racional, aunque no está exenta de riesgos… Pero para el señor Bruckheimer, es la única salida posible.

 

Mirando a los ojos del señor Bruckheimer, el doctor claudica: “Está bien. Lo prepararé todo”. Acto seguido, llama a la secretaria, que también ejerce como enfermera, y le pide que prepare la sala de bisección.

 

El señor Bruckheimer está nervioso. Al parecer, saldrá de ahí siendo otro. El doctor por fin ha accedido a sus deseos: Separar por fin su parte irracional y emocional de su parte racional, analítica y científica. Cree a ciencia cierta que su cerebro funcionará mejor después de la operación, a priori sencilla. Un instante tumbado en la cama, una luz láser que penetra en la profundidad de su mente, y ya está, será un hombre nuevo.

 

Fantasea con la posibilidad de ser un genio, de encontrar un trabajo mejor, fuera de su anodina oficina. Por supuesto, triunfará en el amor. Atrás quedarán sus incontables años de soledad. Ya no será una carga emocional para sus amigos y familiares. Nunca volverá a ser el impar en la mesa.

 

La operación es un éxito. El señor Bruckheimer no ha sentido nada, y todo, según muestran parámetros y máquinas de análisis, ha ido según lo previsto. Tras salir de la sala de bisección, el señor Bruckheimer paga a la secretaria, y pasa a despedirse del doctor.

 

“Muchas gracias doctor. Ha hecho usted de mí un hombre nuevo”. “De nada, señor Bruckheimer –contesta el médico-. Pero me gustaría saber, ahora que es irremediable, ¿nunca se ha preguntado sobre nuestra coincidencia? ¿No le parece extraño que su parte emocional viniera a mi, su parte racional, siendo su psicoanalista la parte racional contrapuesta?” “No sé de qué habla, doctor… Debe ser alguno de esos acertijos con los que le gusta tenerme liado hasta la próxima sesión”.

 

Y el señor Bruckheimer, supuestamente liberado de su parte emocional ocupadora, sale del despacho de su psicoanalista, de su parte racional, y de su vida hasta entonces. Descuidado, no atiende al cartel que, en la puerta de la consulta, menciona el nombre de su terapeuta, así como la premisa que rige su labor profesional: “Doctor Bruckheimer, Psicoanalista. Lo racional lo es todo, lo emocional no importa”.

 

La novia fantasma

Escrito por danyelchovas 03-11-2009 en General. Comentarios (1)

 

Bueno, un poco tarde para ser un cuento de miedo, pero ya sabeis... Nunca llego tarde, sólo hay que esperar con menos prisa... Que os guste (y os de miedito).

 

 

“La novia fantasma”

 

 

Hay que recopilar los acontecimientos sucedidos en este extraño fin de semana. Halloween tiene estas cosas. Las noches de brujas y el día de los difuntos sacan a la luz sucesos extraños, o lo que es peor, arrojan sombras sobre los hechos claros y cotidianos.

 

Conduciendo en dirección a la ciudad, ha visto junto a un puente un cuerpo esbelto, atractivo, sedoso. Un cuerpo envuelto en ropa negra, que denota curvas de mujer y piel de porcelana. La extraña aparición está de pie, junto a su propio coche, que está siendo inspeccionado por la policía. Es sólo un extraño acontecimiento más, que delata el extraño fin de semana que ha pasado...

 

En su pueblo natal ha creído sentir una presencia… Nada conciso, sólo la sensación de estar cerca de alguien que le resultaba familiar… A simple vista no se aprecia, se tiene que detener a pensar... No ha visto su cara, pero su cuerpo y su oscuridad le atraen, su piel blanca le indica un tacto misterioso, que le encantaría acariciar...

 

Los recuerdos se le agolpan en la mente. En un trayecto corto, unos días antes, ha creído ver a la extraña fantasma envuelta en brumas, paseando por las calles, oculta entre las sombras de los árboles. Su compañía, unos ancianos en aparente paseo nocturno, le dan un toque de realismo que asusta... Ella va distraida, como en otro mundo, casi escrutando como un gato en la oscuridad, huyendo de los focos del coche...

 

Otro recuerdo se le posa en el hombro, como un cuervo negro que le recita al oído el poema de Edgar Allan Poe. Un familiar le había dicho “Una chica de negro me ha preguntado por ti”. Lamentablemente, ni así se le muestra la cara en su mente, difusa por la mezcla entre realidad y sueño, como esas cosas que nos pasan entre la vigilia y la duermevela, y no recordamos con claridad si son realmente ciertas o ensoñación.

 

De nuevo un recuerdo... En el local de siempre, tras unos días de excesos, las buenas gentes adormecen sus vidas, ajetreadas por el vaivén del fin de semana. Una visión turba su tranquilidad. De espaldas, una joven sentada atrae su atención. Está girada, y con las piernas cruzadas, de forma que él no ve su cara… Él no se atreve a mirar... Está deseando abordar el misterio, descubrir la cara de esa chica de la que se ha enamorado sin conocerla, sin cerciorarse siquiera de que existe...

 

En la soledad de su habitación prestada, piensa que todas las oportunidades de desentrañar el misterio han sido en semifallo, como el supuesto final de una película de terror que te da un penúltimo susto, cuando ya pensabas que saldrían los títulos... Y él no hace sino darle vueltas a los recuerdos, luchando por poner cara a su amada, empañados sus ojos por lo borroso de la distancia, y el deseo envuelto en un espeso miedo...

 

Lo peor es que él no quiere que la película acabe. Piensa que si ella le mirara… Si hubiera parado el coche… si hubiera bajado la ventanilla… Si sus ojos se hubieran encontrado… él se encontraría perdido, caería fulminado… El descubrir el misterio acabaría con él, su novia fantasma se esfumaría, se disolvería como el humo de una pipa apoyada en la mesita del salón, como una niebla de Londres… Ella se volatilizaría, y el también. Lo que no sabe es si por el amor, o por la muerte. O por ambas cosas, lo cual suena peor. Muerto de muerte por amor, en pos de su novia fantasma.

El dragón lanzapompas de jabón

Escrito por danyelchovas 14-10-2009 en General. Comentarios (0)

Cuentos Pécicos. Nacidos de un grupo de peces cuentacuentos.

 

Este cuento está creado por niños para adultos. Si sus destinatarios son niños, deberá leerse (y escenificarse) la letra normal. Para los adultos habrá que añadir las aclaraciones en cursiva.

 

“El dragón lanzapompas de jabón”

 

Había una vez, en un país muy cercano, un dragón que, en vez de fuego, echaba por la boca pompas de jabón. Lo que no sabíamos es que el país cercano era una pompa de jabón en sí misma, y que el dragón era el creador de ese mundo de imaginación y fantasía.

 

En aquel país había un rey, Nicolás, que dijo a sus habitantes que huyeran del castillo, porque el dragón iba a atacarlo. Lo que no sabíamos era que el rey Nicolás le había pedido al dragón, que concedía deseos, un país para gobernarlo de forma justa. Tampoco sabíamos que, una vez creado el reino, Nicolás  echó al dragón del reino para dominarlo con mano de hierro, es decir, como le daba la gana.

 

Pero ¡Cuidado! Por lo visto, sobre la Tierra iba a caer el planeta Saturno. En realidad, Saturno era el nuevo país que quería gobernar Nicolás, que ampliaba horizontes. De hecho, su plan era que su país de pompa de jabón se quedara pegado a Saturno, y que girara en sus anillos, a modo de residencia de vacaciones en el extrarradio.

 

Mientras tanto, el dragón llegó al castillo, y empezó a llenarlo con pompas de jabón. El dragón pretendía cazar a los reyes en una pompa de jabón para devolverle el país a sus legítimos dueños: Los jabonitos y jabonitas.

 

A la reina, que estaba en el castillo, le hizo caerse de cabeza el jabón y se dio un coscorrón. Esa reina burujona estaba siempre alisándose el pelo, y le sentaba fatal que se le mojara, porque al mojársele, el pelo se le encrespaba y parecía un erizo.

 

El dragón, que era rojo y rosa, cambió de color, y pasó a ser verde y azul. Realmente, el dragón era transparente, pero de cara a la galería, debía tener un aspecto poco atemorizador. Por eso ante, los reyes, se presentó de colores incompatibles, a sabiendas de que los reyes, adictos a la moda, no aguantarían tal combinación. Ante los jabonitos, no obstante, se presentó con los colores de su bandera, verde y azul, en señal de paz.

 

Cuando Saturno se caía, el dragón hizo una enorme pompa de jabón que le envolvió. El dragón prorrumpió en un éxtasis de disparos-pompeados a discreción, que impulsaron a los reyes, enjabonados y con el pelo encrespado, a Saturno, envolviendo al susodicho planeta atacante.

 

De esta forma, Saturno quedó flotando en el aire, salvándose así la Tierra. Los reyes quedaron encerrados en pompas que gravitaron sobre los anillos de Saturno, girando en la eternidad cósmica. Mientras, los jabonitos proclamaron la república jabonosa, erigiendo al dragón como símbolo de libertad.

La obra de arte hecha mujer

Escrito por danyelchovas 02-07-2009 en General. Comentarios (1)
Cuento inspirado en un amor, una musa... una amiga. Felicidades, Irene

La obra de arte hecha mujer

Apolo encontró entre sus juguetes un busto perfecto de barro. En otro tiempo una masa informe, en ese instante el pecho redondeado de una bella mujer. Dio a su forma la dureza seca del sol y el tacto terso y suave de la arcilla seca. Puso por dientes perlas blancas que casi brillaban en la oscuridad. Su tez morena, dorada por el astro, contrastaba con la sonrisa reluciente y endulzada con labios de aire exótico.

No contento con eso, pretendió darle a la imagen un halo artístico. Desmadejando su arpa, tejió una cabellera entrelazada en rizos negros, que caían en crenchas dando un aire salvaje a su cuello, y una frente despejada al que le quedaba de lo más original un flequillo en que se adivinaban melodías colgadas sobre los ojos.

Completó la escultural escultura con extremidades finas y abiertas, preludio de un increíble cuerpo que se abrazaría a si mismo, en defensa propia ante el ataque ajeno.

Despistado por la obra de arte, que destacaba incluso en el Olimpo, Apolo se ensimismó en su creación. Tal fue la manera en que su belleza fue declamada, que la figura fue robada por varias huríes,divinidades árabes en pos de imágenes que mostrasen sus forma carnal al mundo. Despojada de su pedestal griego, las diosas inculcaron en la escultura aires arabescos, tonos africanos y misteriosos ojos azabaches, ocultos tras velos de mirada sensual.

Por virtud del destino, las mitologías griega y árabe se vieron emparentadas con tierras ibéricas. A la ya increiblemente bella obra de arte, se le añadió la silueta y la melodía de una guitarra española.

La imagen de la belleza se formó de forma apolínea, interior arabesco y semillas agitanadas. De ahí que la escultura, de pechos relevantes, piel tostada, dientes relucientes,sonrisa dulce… La melena morena, ensortijada sonora al viento… Las extremidades amplias y receptivas, mostrando su abrazo al mundo… El alma misteriosa y oscura, revuelta en mares negros de sensualidad y culturas lejanas… La oscura inmensidad de dos pozos en los que asomarse y hundirse… Todos ellos fueron los detalles que explicaron el que la escultura fuera ideal de belleza latino…

Y entre todos los dioses, dotaron a la mujer de un alma ansiosa de aventuras, de búsqueda de sí misma, de perfección consumada, de felicidad deseada…

Cuando toda esa amalgama se vio culminada, las deidades tuvieron miedo de que fuera demasiado bella, demasiado completa y demasiado perfecta para ser sólo una obra de arte. Desapareció misteriosamente de cualquier recinto divino. Se dice que la expulsaron de terrenos celestiales, pero por miedo a destruir tal preciosidad, aún ronda desterrada por los terrenos mundanos…